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Ex combatiente: “Si había una contención se evitaba el 80% de las muertes en posguerra”

14/06/2015 por AM - Fuente: Diario EL LITORAL


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En el 33º aniversario del final del conflicto bélico de Malvinas, se presenta el caso de uno de los correntinos que combatió en el Sur. Miedo, valentía, frío, hambre, muerte y dolor contextualizaron su lucha en la isla. De regreso, los viajes en el furgón de reparto le dieron oxígeno a tanta opresión. Luego vino la pelea desde el centro malvinero por la reivindicación. “No perdimos la guerra, peleamos contra todos”, sostuvo.

GUSTAVO LESCANO
glescano@ellitoral.com.ar

CIRIACO RAUL MEDINA, DEL FUSIL AL VOLANTE DEL CAMION REPARTIDOR

Las manos que se aferraron al volante del camión para resistir la posguerra y seguir el camino, ahora en la charla se entrecruzan, se separan, vuelven a juntarse. Casi como un reflejo físico a cada palabra de tonalidades extremas.
La muerte y la esperanza se unen como sus dedos, esos mismos que secan las lágrimas que brotaron al recordar al “viejo” que se fue un mes después de que el hijo volvió de Malvinas.
La vida de Ciriaco Raúl Medina es la de calles y rutas abriéndose frente a él, sentado en la butaca de su camioncito repartidor. Pero lleva una carga de dolor de varias toneladas y que sólo los ex combatientes que estuvieron en las islas en el 82 pueden saber muy bien. Nadie sentirá algo siquiera parecido. La guerra es una herida eternamente abierta.
“Si había una contención psicológica, sanitaria y laboral, se evitaba el 80% de las muertes en posguerra”, aseguró Ciriaco convencido de que “la sociedad no nos dio la espalda: los gobiernos y las autoridades de turnos fueron los que nos mostraron indiferencia”, resaltó.
El malvinero está convencido que “no perdimos la guerra, sino que la ganamos porque peleamos con muchos países asociados a Gran Bretaña. Dimos todo y eso lo reconoció el propio enemigo”, sostuvo y aclaró que “la guerra ya no es el camino para recuperarlas”, sino la senda de la diplomacia. No hay un ápice de dudas en sus afirmaciones y Malvinas es su vida misma. Eso se nota a lo largo de la charla que el ex combatiente correntino mantuvo con El Litoral en la víspera del 33º aniversario del final del conflicto bélico en las islas, que se conmemora hoy.
La fecha es una mezcla de dolor y orgullo. Malvinas es eso para muchos, pero para los ex combatientes representa el final de una agonía y el comienzo de una oscura posguerra.

El chico del mercado
A sus 53 años Ciriaco Raúl reflexiona con la pausa justa de la experiencia que altera el verborrágico brote de anécdotas precisas, acotaciones enriquecedoras y carcajadas contagiosas. A 33 años de la guerra es cronista de su propia historia.
“Antes de Malvinas, trabajaba en el Mercado de Concentración y al momento de hacer el servicio militar manejaba los camiones de reparto de frutas y verduras, incluso viajaba a otras provincias a buscar productos”, comenzó recordando Medina. Eran ocho hermanos, cuatro varones y cuatro mujeres, que vivían con sus padres en el barrio Víctor Colas y la vida del protagonista de esta historia pasaba por el mercado, la calle, el reparto. En 1981 le tocó hacer la colimba en el Regimiento 12 de Mercedes y su desempeño fue tan bueno que llegó a dragoneante y alcanzó la primera baja en noviembre de ese año.
El chico regresó a la ciudad de Corrientes y volvieron los días de cajones de frutas, verduras, de camiones y camionetas del puesto de la firma “Moreiro Hermanos”. Pasó el verano sin sobresaltos hasta que en el otoño del 82 llega aquel 2 de abril que comenzará a marcar su vida.
“Lo escuchamos por la radio y todos estábamos contentos, pero jamás pensamos en lo que vendría”, acotó Ciriaco y agregó que “el 4 ó 6 de abril me llega el telegrama para que me reincorpore al Ejército”.
Por esos días “me contacté con un suboficial y me dijo que si quería podía pedir mi pase a Capital para no ir a la guerra. Lo pensé pero eran mayores las ganas de ir que finalmente rechacé la posibilidad de quedarme en Corrientes”, indicó.
De esa manera volvió al Regimiento de Mercedes y comenzaron a vivirse intensas semanas de preparativos y aclimatación. “Como ya tenía entrenamiento las cosas no se complicaron para mí, pero otros chicos apenas tenían instrucción y había que ayudarlos. De esa manera partimos en tren desde Mercedes hasta Entre Ríos y de allí en avión a Comodoro Rivadavia, donde se intensificaron las prácticas y había que soportar el frío”, acentuó Ciriaco.

El miedo en Malvinas
Tras los preparativos en el continente llega el momento de ir a las islas. “El miedo lo sentí cuando pisé Malvinas”, recordó el ex combatiente y destacó que el gran movimiento en el lugar y un frío que calaba los huesos generaban un clima muy particular en Puerto Argentino. “Era el 23 de abril y allí nos quedamos, al costado del aeropuerto, por una semana y sin poder armar carpas”, dijo al recordar esos días de mucho frío y aclimatación casi a la fuerza. Fueron momentos muy tensos, tanto que “una noche nos disparamos entre la misma tropa pensando que desembarcó el enemigo. Un soldado fue herido levemente, fue un problema de comunicación en horas muy complicadas para nosotros”, resumió.
Poco después se van a Darwin, una de las zonas en que se libraron los más sangrientos combates. “A esa altura las raciones de comida comenzaban a mermar. Una vez por día daban comida, que era una sopa con algunos fideos y dos galletitas. A veces no llegaban raciones porque había alarma roja y todo se paralizaba”, indicó.
En medio del frío y la poca comida se lanzó una orden de retirarse del lugar y correrse hacia el mar. Poco después cayó la primera bomba que destruyó aviones por despegar y mató a seis argentinos. “En ese momento vimos la muerte de cerca y la guerra nos rodeó”, describió Medina y agregó: “Fue un susto enorme porque todos teníamos la sensación que por la vía diplomática llegaría la solución, que iríamos a Malvinas y volverías pronto. Nada de eso pasó y el 2 de mayo empezó el gran movimiento con ataques casi diarios de aviones con sus bombas”, afirmó.
La situación se tornó más complicada hasta que una noche llega por radio la orden de regresar sólo con armas de esa posición a otro sitio ubicado a 8 kilómetros de Darwin. “Entre el 27 y el 28 de mayo tuvimos los combates más largos y se destacó el heroísmo del Regimiento 12, tal como los propios ingleses nos reconocieron después”, subrayó Medina.
Las muertes y las bombas no cesaban y el 29 de mayo finalmente se hace el alto al fuego. Los ingleses toman a los argentinos de prisioneros. “Ordenaron descargar las armas... todo terminó. Perdimos, pero todos queríamos que termine”, sostuvo el correntino con una mirada que reflejaba el nivel de alivio ante una situación extrema.
Escape de la muerte
Concluyó el conflicto para esa división militar y a los días de prisioneros en un corral de ovejas se sumó la tarea ingrata de recolectar los cuerpos con un tráiler tirado por un tractor. “Había chicos que murieron por congelamiento en las trincheras, tal vez podían salvarse”, advirtió Medina con voz quebrada al recordar esos duros momentos.
Después de la traumática misión fueron llevados a un frigorífico y de allí embarcados al “Camberra” donde recibieron atenciones inglesas hasta bajar en Montevideo, Uruguay. En el trayecto de una semana, desde que suben a esa embarcación británica hasta el puerto uruguayo, “nuestras vidas corrían peligro, porque creíamos que la guerra terminó por completo, pero las acciones bélicas continuarían dos semanas más”, reflexionó el malvinero.
En Buenos Aires los llevan a Campo de Mayo en micros con las cortinas bajas en todas las ventanillas. Instalados en el predio militar empiezan días de comidas por doquier, ejercicios y menos frío, mucho menos. “Comencé a recuperar peso porque cuando vine de Malvinas tenía 13 kilos menos. Ni siquiera tenía fuerzas para sostener un fusil”, comentó. “En Campo de Mayo nos dieron de todo, ñoquis, asado, etcétera. Incluso nos hicieron un chequeo médico y una serie de preguntas donde en ese momento ya se habló de denuncias de estaqueamientos, de hambre y frío”, advirtió.
“No perdimos la guerra, peleamos contra todos y ganamos por dejar todo”, sintetizó Medina en el final y destacó que “si había una contención psicológica, sanitaria y laboral el 80% de los casos de muerte en la posguerra se habrían evitado”. La frase da claridad a tantos años de olvido y abandono. Malvinas es herida abierta y el ex combatiente, eterna reivindicación.